Ultimamente he escrito puras tonteras....
Siempre me he sentido bien con tener tan rápida capacidad de decidir y hacer... pero lo he lamentado. Los últimos escritos, y afortunadamente el último no lo vió nadie (creo), han sido fruto de impulsos fuertes de decisiones tomadas en un par de segundos, de sentimientos repentinos y fugaces que soy incapaz de contener, pero muchas veces maestro en disimular.
Reflexiono mucho sobre lo que pienso y sobre lo que haré a largo plazo. Pero no sobre lo que estoy haciendo ni sobre lo que siento. Eso me lleva a muchas veces cometer acciones y tomar decisiones que llego a lamentar. Quizas no profundamente. Pero las lamento de todas formas.
La impulsividad es propia del anmal; salvaje, rápida, sin miramientos. Es hacer sin importar consecuencias. Es dejarse llevar por el deseo y el momento, por no manejar la necesidad o el sentimiento. Tanto un violador como un goloso son impulsivos... como yo. Incapaz de callar cuando hay que callar. O lo que hay que callar. No resisto el impulso de expresarme. ni algunos de hacer tantas cosas.
La impulsividad es también acto propio de la energía. Arrasa, intensa, y si no se maneja destructiva; pero cuando es correctamente encausada, es una gran aliada. Cuando no manejas la energía nuclear se transforma en una bomba asesina. Pero si es manejada, alimenta ciudades y ciudades. Ser impulsivo es lo mismo. Causa tantos problemas... se dicen palabras que jamás deberían haber sido pronunciadas. Se hacen cosas que se desean poder borrar. Como un balazo, lo disparas y ya no lo para nadie. Se hiere. Se daña. Se destruye.
Pero en dados casos, se toman rápidas y eficientes decisiones en tiempos muy cortos, se enfrentan situaciones inesperadas y se determinan tantos pasos a seguir...
En fin, lo que hay que hacer es reflexonar especialmente sobre los sentimientos, y las decisiones que sobre ellos se tomarán, que se dirá y hará. Y llegado el momento de actuar, no titubear y dejarse llevar, actuar.
¿Imposible? En eso estamos.

