domingo, junio 09, 2013
Respuesta de Circunstancias
-¿Qué pasa, joven, si en vez de encontrar un tesoro, usted SE ENCUENTRA con este?
Tras fruncir el ceño, fingir seriedad, borrar su sonrisa y alisar sus cejas, Nefelibata le dice:
-Pues yo dibujaría un mapa del tesoro sólo para encontrarnos una y otra vez.-
-Interesante, pero ¿Que modalidad le agregaría?-
-Bach.-
-¿Bach? ¿Está seguro? Quizás algo más de la época del hallazgo sería una condición más favorable.-
-No Profesor. Si usted ser refiere a algo más actual, son sólo condiciones resolutorias de corto alcance, plazos extintivos que no alcanzan ni a ser respirados. Además- y agrega, sin poder controlar su sonrisa- un buen tesoro combina con los violines, porque es suave, porque tiene caras ocultas que no puedo dejar prescribir y es frío al tacto-
El Profesor, al oir eso, toma uno de los vasos de la Bandeja y lo usa para mirar a Nefelibata, imitando a un aristócrata con monóculo.
-Señor. usted está demente. Lo declaro interdicto.-
-No importa. El Hallazgo no es un contrato. No enajeno más que mi esfuerzo y sólo recibo alegría. Siempre he estado demente, y ahora además me declaro un disipador de palabras.-
-¿Un Disipador de Palabras? ¿Qué pasa si yo le digo que lo declaro interdicto dos veces? ¿Qué efectos produce?
-Según doctrina, no hay interdicción ni prohibición capaz de borrar una sonrisa, y nada hay más Bello que dos sonrisas juntas, como una sola parte, una sola voluntad, una sonrisa Unilateral Compleja.-
-En eso tiene razón, vaya a sentarse. Conserva su nota..-
martes, marzo 05, 2013
Pixeles
Claro, los pixeles. A los mejor eso tenemos en común. Los pixeles dibujaban sus vidas, sus proyectos, sus pegas de imaginación. De pixeles teñían pantallas y papeles, que se movían al ritmo de sus ideas.
domingo, enero 20, 2013
El abyecto.
"El hombre abyecto caminaba por cada parque de su ciudad. Era tan suya como sus pantalones permitiesen al bolsillo vomitar níquel.
El hombre abyecto quería tener una estrella. Entonces inventó escaleras de cristal, y tapo la vista que Helios Rey tenía sobre los verdes campos.
Sobre los verdes campos el hombre abyecto untó un paté de piedras, para que los gusanos no pudiesen seducir más aves.
El hombre abyecto se llenó en el Sur, se comió antiguas serpientes de agua para poder encender sus estrellas en el suelo, y alimentar sus jirafas de metal que vomitaban negras groserías hacia Urano, tapando al viejo Helios Rey las vistas.
Llenó el hombre abyecto el aire de un tango mecánico disonante, que dejó sin voz a los cantantes vestidos de pluma que trazaban amores entre rama y rama.
El hombre abyecto fue a la feria de las conciencias y adquirió por oferta de 5 años plazo unas cuántas, y las dejó en la vieja Santiago en esa Casa donde tanto se sufre; otras en el Puerto Principal discutiendo palabras vagas.
¿Que quién es el hombre abyecto? ¡Tu dueño!”

